domingo, 31 de julio de 2011

Uniformados de la moda y sus manías para con la gente

En la calle donde todos los lujos no están, pero están las mejores tiendas de este país. Donde el pequeño comercio casi es inexistente y proliferan las tiendas de las grandes compañías, allí, decidió ella sentarse.

Sentada en el suelo, humilde, sin dar ninguna muestra de querer nada del mundo, la espalda apoyada en la pared y su cigarro de liar humeando en las manos.
Sus rastas libres cayendo sobre sus hombros y sus ropas limpias tocando el suelo por primera vez en el día.

Sacó su libro, y se puso a leer. Sin molestar a nadie, sin mirar a nadie, sin darse cuenta de nada. De vez en cuando, un lento movimiento acercaba el cigarro a la boca y como para no incomodar a los políticamente correctos viandantes echaba el humo hacia abajo, a las silenciosas páginas del libro.

No se fijo, que se había posicionado justo al lado de una de esas tiendas de marca que tanto apasionan a l@s jóvenes de hoy en día con el dinero para gastar. Para ella, era solo una acera más, con un cómodo suelo y un árbol que le quitaba la mayor parte del sol.
A su alrededor, la gente circulaba. Y tuvo la mala suerte de que se fijase en ella un típico chico de polo y jersey al cuello, pantalones cortos y mocasines, que no por vestir así, sino por venir de los valores educacionales que viene, todo lo que no sea como él, le disgusta. Este uniformado de la moda se acerco al policía municipal más cercano que presto y raudo, se apresuro a "invitar" a la joven a abandonar su tranquilo puesto de lectura.
Ella, no entendía nada, e intento explicar al agente que no molestaba a nadie y que no hacía nada malo. El agente, ante la escrutadora mirada de más uniformados de la moda desde el interior de la tienda, llamó a su compañero y entre los dos, levantaron a la joven, y tras gritarle varias veces, se apresuraron a acompañarle, como si de un apestado se tratara, hasta el banco más cercano.
"No te puedes sentar en la calle como los perros" fue la frase más amable.
El uniformado de la moda, henchido de orgullo salvador hacia la sociedad, y ufano en su propia autoestima, entro en la tienda, sin fijarse, en que a su alrededor, un circulo de miradas, le juzgaba como el personaje que era.

Todo esto, sucedió hace dos días, en la Avinguda del Portal de l'Angel de Barcelona, a las 7 y media de la tarde, y me maldigo por no haberlo grabado en video, o no haber sacado fotos.

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